La producción industrial de China ha caído por tercer trimestre consecutivo, en medio de temores de que su economía estaría próxima a sufrir un bajón.
Las últimas cifras muestran que el crecimiento económico chino fue del 9% en el tercer trimestre del año.
Es la primera vez en al menos cinco años que se registra un crecimiento de un solo dígito, debido al impacto de la crisis de crédito global y a la debilidad en el sector inmobiliario local, según funcionarios chinos.
El director de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, Li Xiaochao, dijo el lunes a los periodistas que el impacto de la crisis financiera mundial ha excedido por lejos las expectativas del gobierno.
Quentin Sommerville, corresponsal de la BBC en Pekín, informó que sólo la semana pasada el gobierno dijo que la mitad de los fabricantes de juguetes del país se habían quebrado.
Los números fueron cayendo desde el primer trimestre, cuando se registró un crecimiento de 10,4%, para luego bajar a 10,1% en el segundo, y finalmente alcanzar 9% en el tercero.
Estas cifras dan un crecimiento promedio de 9,9% de enero a septiembre de 2008, lo que equivale a US$2,95 billones, explicó el portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas en rueda de prensa celebrada en Pekín.
Este promedio está por debajo del 11,9% que se logró en todo 2007.
¿Desaceleración severa?
Las cifras también se encuentran por debajo de lo pronosticado por economistas.
"Es muy obvio ahora que el crecimiento económico se está desacelerando rápidamente, aunque algunos indicadores como las exportaciones se mantienen debido a efectos remanentes", dijo Zhang Fan, un economista de Tebon Securities en Shangai, citado por la agencia de noticias Reuters.
"El crecimiento económico continuará con una tendencia a la baja", agregó Zhang.
Los analistas estiman que la economía del gigante asiático crecerá en torno al 9% para finales de 2008.
La última vez que el crecimiento anual no llegó a los dos dígitos fue en 2002, cuando fue del 9,1%.
Corresponsales dicen que los indicadores que van desde los precios del acero a las ventas de casas sugieren una probable desaceleración económica severa.
martes, 21 de octubre de 2008
lunes, 20 de octubre de 2008
* El oro negro y la cara dura del poder
Cuando se escuchan los argumentos de personajes vinculados a la Sociedad Nacional de Industrias, CONFIEP, sociedad nacional de Energía y Minas, políticos, voceros del neoliberalismo y, sobre todo, a los políticos y funcionarios públicos implicados directa e indirectamente en los PETROAUDIOS, no nos queda sino decirnos a sí mismos ¡QUÉ CARA DURA TIENE EL PODER!, cuando cientos, miles o quizá millones de dólares, provenientes de coimas, sobornos, “aceitadas” o “comisiones”, están engrosando permanentemente sus bolsillos, chequeras y cuentas bancarias. “La corrupción siempre a existido”, “Corrupción existe en todo el mundo”, “Los audios son manipulados por la oposición”, “Es un hecho aislado”, “Por dos corruptos no se va poner en riesgo la democracia y la gobernabilidad”, “cambiamos el gabinete y se acabó el problema”, “Sacamos a cinco o seis ministros y aquí no ha pasado nada”, etc. etc. son los argumentos más frecuentes de cuanto político y personaje entrevistado, las mismas que son difundidas por los instrumentos mediáticos, talvez con el único objetivo de restar importancia a un fenómeno social que desde hace ya un buen tiempo se ha generalizado e intensificado a lo largo y ancho de nuestra patria: LA CORRUPCIÓN DE CUELLO Y CORBATA.
Sin embargo, cuando cínicamente sostienen: “corrupción siempre ha existido”, no dejan de tener razón, pues no hacen sino aceptar que la aristocracia primero y después la burguesía, clases sociales que siempre han sido dueñas del poder económico y político en toda América Latina, incluido el Perú, siempre se han estructurado como clases dominantes y gobernantes, enriqueciéndose, desenfrenadamente, realizando, seguramente, los negociados más oscuros con nuestros recursos naturales, entre éstos con el petróleo. Por ello es que hoy ven a la corrupción de cuello y corbata, como “algo normal”, que “siempre ha existido”. Tal es así que, Eduardo Galeano, en su ensayo ” El Petróleo, las maldiciones y las azañas”, encontrado en su famoso libro “Las Venas Abiertas de América Latina” nos dice .lo siguiente:
“El petróleo es, junto con el gas natural, el principal combustible de cuantos ponen en marcha al mundo contemporáneo, una materia prima de creciente importancia para la industria química y el material estratégico primordial para las actividades militares. Ningún otro ‘imán’ atrae tanto como el “oro negro” a los capitales extranjeros ni existe otra fuente de tan fabulosas ganancias: el petróleo es la riqueza más monopolizadora en todo el sistema capitalista. No hay empresarios que disfruten del poder político y económico que ejercen en escala universal las grandes corporaciones de la Estándar Oil y la Shell levantan y destronan leyes y presidentes, financian conspiraciones palaciegas y golpes de Estado, disponen de innumerables generales, ministros y James Bonds y en todas las comarcas y en todos los idiomas deciden el curso de la guerra y de la paz”, en resumen: :las transnacionales en general y las petroleras en particular, (salvo algunas excepciones) han decidido los destinos de los pueblos latinoamericanos, ya sea de manera legal o a punto de corrupción, que equivale a famosas “aceitadas”.
A lo afirmado por Galeano en el texto anterior, hay que agregar que, junto con los procesos de exploración y explotación de los yacimientos petrolíferos, se genera otro gran proceso: el de CORRUPCIÓN, tal y como se acaba de descubrir a través de los petro-audios. No obstante, como se sostiene, desde los grupos de poder, respecto a que “siempre ha existido corrupción”, hecho que todos los peruanos acabamos de presenciar, en los niveles más descarados, sería sólo la punta del iceberg o resulta probablemente “insignificante” frente a los hechos de corrupción practicada a lo largo de la vida republicana, durante las concesiones, privatizaciones y licitaciones de los pozos petroleros. Es más, es previsible que la práctica de corrupción no sólo se haya ejercido en torno a este valioso recurso, como es el petróleo, sino, también, en torno al resto de recursos: Gas, minerales, privatización de servicios públicos, etc. Creo, hipotéticamente, que si alguien investigara todos los procesos de privatización, licitaciones, compras estatales, venta de servicios públicos a los capitales extranjeros y nacionales, sólo los que se realizaron durante la década más corrupta de la historia, es decir, la del 1990, con el fujimonte- cinismo, a la fecha, seguramente descubriría no uno o dos corruptos, sino cientos o quizá miles de ellos (hoy llamados acertadamente RATAS) que estuvieron en el poder político y ejercieron la función pública, influenciando y decidiendo, previa “aceitada”, sobre los procesos de privatización, licitación, compras estatales, venta de los recursos naturales y de los servicios públicos de nuestro país.
Esta forma de gobernar al país, donde gran parte de políticos y funcionarios públicos, se enriquecen fácilmente y luego fugan a cualquier parte del mundo a gozar con los dineros provenientes de las “ACEITADAS” o mejor dicho, con los dineros del pueblo, explica el afán y el interés por privatizar, licitar y concesionar los recursos y los servicios públicos a precios relativamente irrisorios y el interés y afán por mantener un modelo económico neoliberal donde, dizqué, el ”mercado lo regula todo”. ¡Claro! un modelo económico donde el Estado se limita a cumplir el rol de simple recaudador de impuestos y de gendarme represor, ganan las transnacionales, ganan los funcionarios públicos, ganan políticos como los Rómulo León Alegría, los Kimper, los Fujimori, los Montesinos, los Kuori, los Parker, etc, etc, etc; mientras, al pueblo se le mantiene a raya, bajo estricto control y represión, dándole migajas a través de programas sociales paternalistas, negándole educación, salud, vivienda, empleo digno y vida digna.
Pero, esta forma de gobernar, donde las “RATAS” pueden invadir fácilmente las entidades públicas, también exige, además de poderosos raticidas, un estricto control social sobre quienes protesten en contra, a quién el mismo mandatario lo ha bautizado con el nombre de “perros del hortelano”. Es decir, para que las “ratas” coman el “quezo” o la “torta” a su libre albedrío y hasta el hartazgo (o mejor dicho para que los corruptos y corruptores de cuello y corbata roben a su gusto), el “perro”, es decir el pueblo, tiene que estar durmiendo, tiene que haber un clima de paz y democracia, muy parecida a la paz de los cementerios. Para ello la solución es criminalizar a todos los que protestan en contra de su situación socioeconómica y de la ratería, colocándole, adjetivos, tales como “terroristas”, “comunistas”, “violentistas”, “revoltosos”, “izquierdistas”, adjetivos que se suman al de “perros del hortelano”. Así, bajo diversos tipos de amenazas, represión y otras acciones en contra del pueblo, se siembra temor, miedo, conformismo, fatalismo en la conciencia del pueblo, de tal forma que cuando vea, escuche, casos como el de Kuori – Montesinos, o como los de la compra de editoriales en los medios de comunicación, o el de los petro audios, con León – Kimper, entre otros, el pueblo sólo se resigne, muestre su impotencia y únicamente clame al Todopoderoso para que no haya corrupción; o, de lo contrario, junto con los políticos corruptos y los grupos de poder económico, también se limite a decir “LA CORRUPCIÓN SIEMPRE HA EXISTIDO” Y “SIEMPRE EXISTIRÁ”, tal como me lo comentaba un ingeniero hace unos días. Por lo tanto, la corrupción en esta sufrida paria inca, donde alguna vez predominaron los principios AMA SUA, AMA QUELLA y AMA LLUCLLA, es un fenómeno social que se ha institucionalizado y se ha convertido, a vista y paciencia de los propios peruanos, de América y del mundo, casi en una manifestación “cultural”.
Finalmente, nos queda dos hechos que comentar: el primero corrobora lo que acabamos de decir. A la clase dominante no le interesa el tema de la corrupción de alto nivel que acaba de descubrirse en el corazón mismo del Estado, existe un esfuerzo común por minimizar y restar importancia al hecho. Al contrario, que no cause admiración si los denunciantes resultan denunciados y que los primeros vayan a la cárcel y los segundos sean premiados. Pues así es como vamos de mal a peor con los casos de corrupción. La aparición del video Kuori – Montesinos se trajo abajo no a unos cuantos ministros sino al mismo Fujimori, Presidente de la república y su gabinete; hoy con la aparición de los petro audios, dando cuenta de hechos de corrupción al más alto nivel, sólo se cambia a unos cuantos ministros. ¿Cual es la diferencia entre el primer caso y el de los petro-audios? El segundo es el hecho de nombrar a Yehude Simon Munaro, ex izquierdista, como Premier. ¿Qué puede cambiar este nombramiento? A mi entender muy poco. Pues, primero porque la corrupción no es algo aislado, que de vez en cuando sucede o es descubierta en algún lugar alejado de nuestro país, la corrupción es un fenómeno social que ha sido institucionalizada y generalizada; lo cual significa que es la estructura o sistema social mismo lo que está en cuestión. En estas condiciones, no sólo es el hecho de cambiar personas o personajes lo que va solucionar la crisis de nuestro país, especialmente el fenómeno de la corrupción. Salvo que el Sr. Yehude Simon decida, de pronto, revisar Contratos mineros, cambiar los artículos anti-comunidades, como la llamada “ley de la selva”, derogar el artículo que criminaliza las protestas sociales, otorgar “rostro humano” al modelo económico, etc. para dar señales de que algo se quiere cambiar en este país. Segundo, para nadie es un secreto que Yehude Simon tiene aspiraciones presidenciales; pero, su nombramiento como Premier de un régimen que está cayéndose a pedazos, debido a su “matrimonio” con los grupos de poder económico locales y con las transnacionales y a la práctica de la corrupción, hoy evidente ¿no afectará tales aspiraciones? ¿no se habrá metido al fuego muy tempranamente? Es probable dos consecuencias: o se quema, de una vez por todas y deja el Premierato sin pena ni gloria y, tal vez con otro descubrimiento de corrupción de alto nivel; o mejora su imagen y levanta vuelo presidencial. Desde mi humilde perspectiva creo más en la primera probabilidad que en la segunda, puesto que para creer en la segunda, la del vuelo presidencial, el Sr. Yehude tendría que confrontarse con los intereses de los grupos de poder, empezando por derogar o por lo menos plantear la derogación de los más de 100 artículos anti-populares, promulgadas por su hoy jefe Alan García. ¿No será que el objetivo de fondo del nombramiento a Yeude Simon, como Premier, es, por un lado levantar cierta popularidad gubernamental y, por otro, de sacarlo del camino presidencial, es decir, “quemarlo” o cortarle las alas, para evitar una fuerte competencia el 2011? Pues, el APRA, en este tipo de jugadas políticas si que ha demostrado, a lo largo de la historia, tener habilidad y experiencia. De todas formas, la dinámica de los hechos nos dará o no la razón.
FUENTE:www.caballeroredverde.blogspot.com
Sociólogo Avelino Zamora Lingán
Sin embargo, cuando cínicamente sostienen: “corrupción siempre ha existido”, no dejan de tener razón, pues no hacen sino aceptar que la aristocracia primero y después la burguesía, clases sociales que siempre han sido dueñas del poder económico y político en toda América Latina, incluido el Perú, siempre se han estructurado como clases dominantes y gobernantes, enriqueciéndose, desenfrenadamente, realizando, seguramente, los negociados más oscuros con nuestros recursos naturales, entre éstos con el petróleo. Por ello es que hoy ven a la corrupción de cuello y corbata, como “algo normal”, que “siempre ha existido”. Tal es así que, Eduardo Galeano, en su ensayo ” El Petróleo, las maldiciones y las azañas”, encontrado en su famoso libro “Las Venas Abiertas de América Latina” nos dice .lo siguiente:
“El petróleo es, junto con el gas natural, el principal combustible de cuantos ponen en marcha al mundo contemporáneo, una materia prima de creciente importancia para la industria química y el material estratégico primordial para las actividades militares. Ningún otro ‘imán’ atrae tanto como el “oro negro” a los capitales extranjeros ni existe otra fuente de tan fabulosas ganancias: el petróleo es la riqueza más monopolizadora en todo el sistema capitalista. No hay empresarios que disfruten del poder político y económico que ejercen en escala universal las grandes corporaciones de la Estándar Oil y la Shell levantan y destronan leyes y presidentes, financian conspiraciones palaciegas y golpes de Estado, disponen de innumerables generales, ministros y James Bonds y en todas las comarcas y en todos los idiomas deciden el curso de la guerra y de la paz”, en resumen: :las transnacionales en general y las petroleras en particular, (salvo algunas excepciones) han decidido los destinos de los pueblos latinoamericanos, ya sea de manera legal o a punto de corrupción, que equivale a famosas “aceitadas”.
A lo afirmado por Galeano en el texto anterior, hay que agregar que, junto con los procesos de exploración y explotación de los yacimientos petrolíferos, se genera otro gran proceso: el de CORRUPCIÓN, tal y como se acaba de descubrir a través de los petro-audios. No obstante, como se sostiene, desde los grupos de poder, respecto a que “siempre ha existido corrupción”, hecho que todos los peruanos acabamos de presenciar, en los niveles más descarados, sería sólo la punta del iceberg o resulta probablemente “insignificante” frente a los hechos de corrupción practicada a lo largo de la vida republicana, durante las concesiones, privatizaciones y licitaciones de los pozos petroleros. Es más, es previsible que la práctica de corrupción no sólo se haya ejercido en torno a este valioso recurso, como es el petróleo, sino, también, en torno al resto de recursos: Gas, minerales, privatización de servicios públicos, etc. Creo, hipotéticamente, que si alguien investigara todos los procesos de privatización, licitaciones, compras estatales, venta de servicios públicos a los capitales extranjeros y nacionales, sólo los que se realizaron durante la década más corrupta de la historia, es decir, la del 1990, con el fujimonte- cinismo, a la fecha, seguramente descubriría no uno o dos corruptos, sino cientos o quizá miles de ellos (hoy llamados acertadamente RATAS) que estuvieron en el poder político y ejercieron la función pública, influenciando y decidiendo, previa “aceitada”, sobre los procesos de privatización, licitación, compras estatales, venta de los recursos naturales y de los servicios públicos de nuestro país.
Esta forma de gobernar al país, donde gran parte de políticos y funcionarios públicos, se enriquecen fácilmente y luego fugan a cualquier parte del mundo a gozar con los dineros provenientes de las “ACEITADAS” o mejor dicho, con los dineros del pueblo, explica el afán y el interés por privatizar, licitar y concesionar los recursos y los servicios públicos a precios relativamente irrisorios y el interés y afán por mantener un modelo económico neoliberal donde, dizqué, el ”mercado lo regula todo”. ¡Claro! un modelo económico donde el Estado se limita a cumplir el rol de simple recaudador de impuestos y de gendarme represor, ganan las transnacionales, ganan los funcionarios públicos, ganan políticos como los Rómulo León Alegría, los Kimper, los Fujimori, los Montesinos, los Kuori, los Parker, etc, etc, etc; mientras, al pueblo se le mantiene a raya, bajo estricto control y represión, dándole migajas a través de programas sociales paternalistas, negándole educación, salud, vivienda, empleo digno y vida digna.
Pero, esta forma de gobernar, donde las “RATAS” pueden invadir fácilmente las entidades públicas, también exige, además de poderosos raticidas, un estricto control social sobre quienes protesten en contra, a quién el mismo mandatario lo ha bautizado con el nombre de “perros del hortelano”. Es decir, para que las “ratas” coman el “quezo” o la “torta” a su libre albedrío y hasta el hartazgo (o mejor dicho para que los corruptos y corruptores de cuello y corbata roben a su gusto), el “perro”, es decir el pueblo, tiene que estar durmiendo, tiene que haber un clima de paz y democracia, muy parecida a la paz de los cementerios. Para ello la solución es criminalizar a todos los que protestan en contra de su situación socioeconómica y de la ratería, colocándole, adjetivos, tales como “terroristas”, “comunistas”, “violentistas”, “revoltosos”, “izquierdistas”, adjetivos que se suman al de “perros del hortelano”. Así, bajo diversos tipos de amenazas, represión y otras acciones en contra del pueblo, se siembra temor, miedo, conformismo, fatalismo en la conciencia del pueblo, de tal forma que cuando vea, escuche, casos como el de Kuori – Montesinos, o como los de la compra de editoriales en los medios de comunicación, o el de los petro audios, con León – Kimper, entre otros, el pueblo sólo se resigne, muestre su impotencia y únicamente clame al Todopoderoso para que no haya corrupción; o, de lo contrario, junto con los políticos corruptos y los grupos de poder económico, también se limite a decir “LA CORRUPCIÓN SIEMPRE HA EXISTIDO” Y “SIEMPRE EXISTIRÁ”, tal como me lo comentaba un ingeniero hace unos días. Por lo tanto, la corrupción en esta sufrida paria inca, donde alguna vez predominaron los principios AMA SUA, AMA QUELLA y AMA LLUCLLA, es un fenómeno social que se ha institucionalizado y se ha convertido, a vista y paciencia de los propios peruanos, de América y del mundo, casi en una manifestación “cultural”.
Finalmente, nos queda dos hechos que comentar: el primero corrobora lo que acabamos de decir. A la clase dominante no le interesa el tema de la corrupción de alto nivel que acaba de descubrirse en el corazón mismo del Estado, existe un esfuerzo común por minimizar y restar importancia al hecho. Al contrario, que no cause admiración si los denunciantes resultan denunciados y que los primeros vayan a la cárcel y los segundos sean premiados. Pues así es como vamos de mal a peor con los casos de corrupción. La aparición del video Kuori – Montesinos se trajo abajo no a unos cuantos ministros sino al mismo Fujimori, Presidente de la república y su gabinete; hoy con la aparición de los petro audios, dando cuenta de hechos de corrupción al más alto nivel, sólo se cambia a unos cuantos ministros. ¿Cual es la diferencia entre el primer caso y el de los petro-audios? El segundo es el hecho de nombrar a Yehude Simon Munaro, ex izquierdista, como Premier. ¿Qué puede cambiar este nombramiento? A mi entender muy poco. Pues, primero porque la corrupción no es algo aislado, que de vez en cuando sucede o es descubierta en algún lugar alejado de nuestro país, la corrupción es un fenómeno social que ha sido institucionalizada y generalizada; lo cual significa que es la estructura o sistema social mismo lo que está en cuestión. En estas condiciones, no sólo es el hecho de cambiar personas o personajes lo que va solucionar la crisis de nuestro país, especialmente el fenómeno de la corrupción. Salvo que el Sr. Yehude Simon decida, de pronto, revisar Contratos mineros, cambiar los artículos anti-comunidades, como la llamada “ley de la selva”, derogar el artículo que criminaliza las protestas sociales, otorgar “rostro humano” al modelo económico, etc. para dar señales de que algo se quiere cambiar en este país. Segundo, para nadie es un secreto que Yehude Simon tiene aspiraciones presidenciales; pero, su nombramiento como Premier de un régimen que está cayéndose a pedazos, debido a su “matrimonio” con los grupos de poder económico locales y con las transnacionales y a la práctica de la corrupción, hoy evidente ¿no afectará tales aspiraciones? ¿no se habrá metido al fuego muy tempranamente? Es probable dos consecuencias: o se quema, de una vez por todas y deja el Premierato sin pena ni gloria y, tal vez con otro descubrimiento de corrupción de alto nivel; o mejora su imagen y levanta vuelo presidencial. Desde mi humilde perspectiva creo más en la primera probabilidad que en la segunda, puesto que para creer en la segunda, la del vuelo presidencial, el Sr. Yehude tendría que confrontarse con los intereses de los grupos de poder, empezando por derogar o por lo menos plantear la derogación de los más de 100 artículos anti-populares, promulgadas por su hoy jefe Alan García. ¿No será que el objetivo de fondo del nombramiento a Yeude Simon, como Premier, es, por un lado levantar cierta popularidad gubernamental y, por otro, de sacarlo del camino presidencial, es decir, “quemarlo” o cortarle las alas, para evitar una fuerte competencia el 2011? Pues, el APRA, en este tipo de jugadas políticas si que ha demostrado, a lo largo de la historia, tener habilidad y experiencia. De todas formas, la dinámica de los hechos nos dará o no la razón.
FUENTE:www.caballeroredverde.blogspot.com
Sociólogo Avelino Zamora Lingán
* No te salves
Es grato para el movimiento TLV, lo que la poesia puede ocasionar en los corazones interesados y bien intencionados, la poesia revolucionaria nos hace sentir mas que el Amor Revolucionario puede llegar a buen nivel, puede ser elemental para la formacion del Hombre NUevo, por eso compartimos la poesia de autores comprometidos en toda su vida con las causas sociales. Este por ejemplo es uno de nuestros favoritos, y como diria el Che, "no es la cuestion de desearle suerte al agredido, si no correr su misma suerte..."
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca .
no te salves
no te llenes de calma
ni nunca .
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios.
pesados como juicios.
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvi
lal borde del camino
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvi
lal borde del camino
y te salvas entonces
no te quedes conmigo.
no te quedes conmigo.
AUTOR:Mario Benedetti
'Es hora de sentir en lo mas profundo lo que al otro le pasa, sea bueno, sea malo'
Hasta la Victoria siempre y siempre
MOVIMIENTO TODAS LAS VOCES
* Socialismo significa crítica de la cultura del poder
Hasta ahora la historia nos demuestra que los seres humanos nos movemos en muy buena medida por el afán de poderío. De lo cual puede desprenderse, quizá con cierta ligereza, o con cierta mirada pesimista sobre nuestra condición, que estamos irremediablemente condenados a seguir repitiendo ese molde. El colmo de ese pesimismo lo presenta José Saramago, cuando no encontrado salida a todo esto llega a concluir entonces: "No nos merecemos mucho respeto como especie" . La constatación tan interminablemente repetida del abuso del poder por parte de quien lo dispone –aún en el campo de la izquierda– podría llegar a permitirnos sacar esa conclusión. Estaríamos casi tentados de afirmar, por tanto, que "eso no tiene arreglo".
Pero si efectivamente está en la esencia humana esta "dialéctica del amo y del esclavo", si eso es parte definitoria de nuestra condición, ¿para qué seguir luchando por un mundo de mayor equidad? El estudio de la historia o de cualquier interrelación nos confronta con que la lucha en torno al poder cuando se encuentran dos personas, o dos colectivos, surge con pasmosa facilidad. ¿Autoriza ello a ver en esa repetición una matriz de origen biológico? ¿Cómo poder afirmar que la violencia, el afán de poderío, la dominación sean de orden genético? Si una lectura darwinista de la historia humana pude llegar a esa conclusión –justificando, de ese modo, la existencia de "razas superiores" y una presunta selección natural de los "mejores"– una visión más amplia de nuestra condición debe apuntar a otra cosa. ¿O acaso podemos avalar un triunfo de "superiores" sobre "inferiores"?
Hasta ahora, al menos, más allá de la ilusión positivista de cierta tendencia tecnocrática que busca un sustrato bioquímico para explicar toda la complejidad de lo humano, no se ha podido aislar ninguna sustancia específica que dé cuenta de estos fenómenos. Puestos a interactuar niños pequeños de distintas etnias cuando recién están comenzando a hablar, cuando aún no tienen incorporada toda su carga cultural, ninguno discrimina a otro ni lo mira "desde arriba". Eso llegará luego: los adultos nos encargamos de transmitírselo. ¿Por qué resignarnos entonces ante una supuesta tendencia natural que nos compele a comernos unos a otros?
Anida ahí un error que, si no lo corregimos con fuerza, puede llevarnos a la entronización del individualismo –cosa que hace con absoluta naturalidad el capitalismo, premiando al "ganador", que no es otro que el más fuerte que se impone con brutalidad sobre los más débiles–, o puede llevarnos, por otro lado, a la resignación.
Decimos "el capitalismo", pero podríamos hacerlo extensivo a cualquier sociedad de clases. Desde que sabemos de la existencia de sociedades estratificadas donde unos mandan usufructuando el trabajo de otros, los cuales trabajan y obedecen (desde el inicio de las primeras sociedades agrarias sedentarias, para fijarlo de algún modo en el tiempo, aproximadamente unos 10.000 a 12.000 años atrás), desde ahí se viene repitiendo esta situación. Dialéctica del amo y del esclavo donde un grupo decide sobre la vida de otro con distintos grados de violencia, de crueldad, desde ser el dueño por entero de la vida de ese otro, hasta el pago de un salario supuestamente consensuado entre ambas partes por una cantidad de horas de trabajo. Esa historia no nos ofrece sino explotación de unos sobre otros, aprovechamiento, falta de solidaridad, violencia, crudeza. Matriz ésta que se reitera muy frecuentemente en todas las relaciones humanas: entre géneros, entre generaciones, entre distintas culturas. Y viendo con objetividad ya sea la historia o la dinámica interhumana en un corte puntual aquí y ahora, ello pareciera poder dejar extraer la conclusión que así es nuestra condición sin más. Si podemos hacer eso: torturar, engañar, matar, sin dudas que –más allá de una visión pesimista– eso se muestra como nuestro destino. De ahí a la conclusión que no tenemos remedio como especie, sólo un paso.
Y a ello podríamos agregar que los intentos de construir un nuevo sujeto en los balbuceantes socialismos del siglo XX no lograron superar con creces esos patrones de violencia. La codicia y la mezquindad siguieron todavía incorporadas a las características comunes de los ciudadanos, más allá de las buenas intenciones de transformación. ¿Hay que resignarse entonces? ¿No es posible el cambio? ¿Habrá que contentarse que lo máximo a lo que podemos aspirar es a un crecimiento enorme de la productividad y a una más equitativa repartición de la riqueza que generemos, resignándonos a que siempre habrá uno "más listo" que manejará a los "más tontos"? ¿No hay alternativa? ¿Es cierto que "no nos merecemos mucho respeto como especie" entonces? ¿No es posible la equidad total, la horizontalidad? ¿Habrá siempre quien, en nombre de lo que sea, "mire desde arriba" a otro?
Por esa vía, el punto máximo de desarrollo aspirable sería la socialdemocracia. Sin dudas que los pocos países con políticas socialdemócratas viven bien, con abundancia y equidad. Ahí están unas cuantas sociedades del norte de Europa dando el ejemplo: ordenadas, felices, racionales. Pero la estructura del mundo no permite que todos seamos Suecia, o Noruega o Canadá. Además, la bonanza de las socialdemocracias presupone un Tercer Mundo históricamente explotado. ¿Podría algún país africano o centroamericano repetir el modelo socialdemócrata nórdico en las condiciones actuales? ¿Cómo? Las deudas externas que religiosamente deben pagar esas sociedades empobrecidas van a parar también a las socialdemocracias. Así es fácil gozar la vida…y tener equidad. Pero si hablamos de "otro mundo posible", hablamos de igualdad para todos, absolutamente para todos y todas en total paridad. Es decir: hablamos de una verdadera democratización e igualación de los poderes, para todos, no sólo para los blancos.
Cuando nos referimos al sujeto humano tenemos como referente esto que las distintas sociedades clasistas basadas en la diferenciación entre poderosos y oprimidos han venido dando como resultado hasta ahora. Nos es relativamente más fácil entender la lógica de una sociedad antigua –la egipcia, los fenicios, los mayas– porque nos resulta familiar poder imaginar qué sentiría un amo o un esclavo (aunque la reflexión la hagamos ahora y no seamos, en sentido estricto, ni faraones ni esclavos. Sin embargo, intuimos de qué se trata la relación). Pero nos resulta incomprensible, o al menos mucho más lejana de nuestros códigos, una sociedad del neolítico, o alguna de los pequeños grupos que aún hoy existen sobreviviendo como en ese entonces –los indígenas amazónicos, o los habitantes originarios de Australia–. ¿Cómo entender desde nuestra cosmovisión una sociedad de puros iguales, homogénea, horizontal? Nuestra matriz, hoy día, es forzosamente esa visión de jerarquías, patriarcal, vertical. De ahí que nos suene extraño aún –y por tanto cueste tanto– establecer relaciones de total horizontalidad, de absoluta paridad. Aunque en las experiencias socialistas intentemos llamar a los dirigentes con el apelativo de "camarada", en la realidad cotidiana el "camarada ministro" o el "camarada alcalde" sigue aún gozando de privilegios que los "camaradas comunes" no tienen. ¿Significa eso que nunca cambiará esa dinámica?
Seguramente no podemos esperarnos un paraíso de la sociedad humana. No somos ángeles. Pero podemos hacer algo para que no sea un infierno. Y hoy, más allá de una porción minúscula que vive en la opulencia manejando la vida de las grandes masas, y fuera de un no más del 15 % de la población mundial que puede ser considerada clase media, con acceso a aceptables cuotas de confort y seguridad, para la más amplia mayoría de la Humanidad la vida es un infierno. El socialismo, si bien tuvo un inicio en el siglo XX que debe ser criticado por autoritario y vertical (en alguna medida, también un infierno), sigue siendo aún una fuente de esperanza. Del capitalismo nada se puede esperar.
Pero la duda –por decirlo de alguna manera, o el temor, o preocupación– se plantea cuando intentamos revisar los supuestos que ha venido desarrollando el socialismo. Si consideramos el proceder de muchos de los cuadros revolucionarios, o incluso la conducta de los ciudadanos, los camaradas de a pie, dentro de las experiencias socialistas, se abren interrogantes: ¿se podrá prescindir de esta cultura del "mirar desde arriba" a otro? A veces sucede esta horizontalidad, este espíritu de solidaridad y de desprendimiento, pero en muchísimos casos, más allá de la declaración de principios y del uso de consignas que sitúan en el "club" de la izquierda, se siguen manteniendo privilegios irritantes, actitudes despóticas, el convencimiento que hay algunos con derecho a "mirar desde arriba" a otros.
¿Por qué los camaradas médicos cubanos cuando están fuera de la isla "arrasan" con las mercaderías que no se consiguen en su país? ¿Son menos "revolucionarios" por eso? Seguramente no, pero todas estas actitudes nos indican que quizá el meollo mismo de lo humano es muy difícil de transformar: si somos herederos de la cultura que nos constituye en lo más hondo de nuestro ser –machistas, patriarcales, verticalistas, competitivos, belicistas, y en estos últimos años, capitalismo mediante, impúdicamente consumistas– todo eso no se va a terminar por decreto. La cuestión, en todo caso, es: ¿cambiará? ¿Qué hay que hacer para que cambie? ¿Cómo desarmar la cultura del poder que nos constituye?
Hoy día podemos hablar de los seres humanos criados en este modelo histórico, dado que sólo hemos conocido estos patrones. Por eso la dificultad que apuntábamos para entender otros modelos sociales "primitivos", sin clases sociales, la pura horda original. Las sociedades clasistas quedamos irremediablemente lejos de esa experiencia, y los modelos progresistas que hemos inventado todavía tienen muy cerca la matriz del "triunfador", del éxito individual sobre y contra el bien común. Si no, no sería tan fácil que muchas cooperativas terminen siendo pequeñas empresas lucrativas privadas olvidándose de la filosofía que las impulsa. O no hubiera sido tan fácil la restauración de la cultura capitalista en Rusia, o en China, donde hoy se premia como el gran logro la picardía para hacer fortuna no importa a qué precio olvidando principios levantados hace apenas unos años. Invocar un llamado al amor para construir el socialismo, la nueva sociedad y el nuevo sujeto, queda corto. Sabemos que el amor es básicamente narcisista y no nos sobra; más bien nos sale con cuentagotas. Es difícil, cuando no imposible, amar incondicionalmente al prójimo. Pero no se trata de amarlo sino de respetarlo. Esa es la clave que puede cambiar la actitud. Nadie está obligado a amar a nadie por decreto; pero la sociedad sí obliga a respetarnos. Si logramos establecer una comunidad donde todos verdaderamente nos sentimos pares, iguales, aunque no nos "amemos", sí podremos convivir con mayores cuotas de solidaridad social. Aunque no somos ángeles, ¿quién dijo que estamos obligados por naturaleza a explotar al otro? Si nos preparamos para esa cultura de la más absoluta igualdad, ¿por qué no podríamos superar la dudosa noción del amor incondicional para forjar una cultura del respeto? Porque en nombre del amor se pueden cometer las peores atrocidades, no olvidarlo. Ahí están todas las guerras religiosas, por ejemplo, las más despiadadas y crueles de la historia para demostrarlo. O la Santa Inquisición …por amor.
Ningún sustrato bioquímico podrá explicarnos por qué ese afán de poderío. Es nuestra matriz social, cultural, psicológica, la que nos hace así. De lo que se trata, entonces, es de construir otra matriz que dé como resultado otro tipo de sujeto. Aunque, claro está, esa construcción no podrá ser nunca una imposición por vía de decreto. Hay que forjarla. Y ese es el reto que tiene el socialismo.
En Rusia, siete décadas después de la revolución bolchevique, hay gente que sigue buscando el retorno del zarismo y pensando en la gran patria de los rusos blancos. ¿Pasó en vano la revolución? Y en Cuba una enorme cantidad de población profesa con devoción la santería. ¿Puede decirse que fracasó la revolución? En Venezuela, con un proceso de transformación socialista en marcha, por cierto muy reciente aún, siguen siendo un símbolo nacional las Miss Universo y las mujeres con pecho siliconado, y muchísima población –incluidos funcionarios de gobierno– continúan adorando los más rancios valores capitalistas, desviviéndose por el vehículo lujoso con un chofer que les abra la puerta y cambiando divisas en el mercado paralelo. ¿No está funcionando la Revolución Bolivariana entonces? Todo esto no nos habla de un fracaso de los ideales socialistas. Nos habla, en todo caso, del peso fenomenal de la historia, de las tradiciones, de la cultura. Como brillantemente lo expresó Einstein: "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio".
El desafío es cambiar esa historia. Eso es la revolución. Si nos tomamos en serio lo de las utopías, pues de eso se trata entonces: no sólo transformar las relaciones políticas, cambiar las reglas de juego de las relaciones sociales; no sólo repartir con equidad el producto del trabajo humano. Se trata, junto a todo ello, y quizá más que ello, de transformar la historia misma, las matrices que nos determinan como sujeto.
Es ahí donde entra a jugar un papel clave el tema de la autocrítica de nuestra humana condición. ¿Estamos acaso, tal como lo pretendería el darwinismo social, condenados a una lucha a muerte los unos contra los otros? ¿O nuestra "naturaleza" va de la mano de las condiciones culturales? ¿Por qué cuesta tanto superar los vericuetos del poder? Nuestra condición finita y deficiente nos lleva a acercarnos al ámbito del ejercicio del poder como alternativa para superar esa pequeñez originaria. ¿Puede superarse la idea del poder como sinónimo de beneficio propio a base del sacrificio de otro? ¿Es cierto que el que manda, manda; y si se equivoca… vuelve a mandar? ¿Qué habrá que hacer para superar todo esto?
El trabajo es arduo, enorme. Es transformar toda una cultura que lleva hoy un peso ancestral en sus espaldas con una importancia definitoria, y que con las nuevas tecnologías que generó el capitalismo (léase: guerra psicológico-mediática, guerra de cuarta generación, como la llamaron los estrategas militares estadounidenses) se impuso por todo el globo, y en muchos casos, haciéndose atractiva. Si no, los camaradas cubanos no arrasarían las tiendas buscando esos productos "seductores" toda vez que tienen oportunidad al salir de la isla. Lo cual nos lleva a un tema no menos trascendente.
La cultura del consumo a que dio lugar el capitalismo mercantil es insostenible –se produce no sólo para satisfacer necesidades sino, ante todo, para vender, para obtener lucro económico–. En función de ese modelo de desarrollo el planeta se está empezando a poner en serio riesgo. La progresiva falta de agua dulce, la degradación de los suelos, los químicos tóxicos que inundan el globo terráqueo, la desertificación, el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono que ha aumentado por 13 la incidencia del cáncer de piel en estos últimos años, el efecto invernadero negativo, el derretimiento del permagel son todas consecuencias de un modelo depredador que no tiene sustentabilidad en el tiempo. ¿Cuánto más podrá resistirse esta devastación de los recursos naturales? Las sociedades agrarias "primitivas", o inclusive las tribus del neolítico que aún se mantienen, son mucho más racionales en su equilibrio con el medio ambiente que el modelo industrialista consumidor de recursos no renovables. Si buscamos un nuevo mundo, una nueva ética, nuevos y superadores valores, la cultura del consumo debe ser abordada con tanta fuerza revolucionaria como las injusticias sociales. Pero ahí está el problema justamente: tanto ha calado esta cosmovisión del consumo hedonista que se hace muy difícil atacarlo, desarmarlo. Y el "hombre nuevo" todavía no pudo sacudirse esa carga cultural. ¿Podremos construir una cultura alternativa al consumo industrial fabuloso sin volver a las cavernas, aprovechando el confort que brindan las nuevas tecnologías traídas por la industria capitalista y la moderna ciencia occidental?
Se abre allí otro desafío, por cierto. ¿Somos más revolucionarios porque no tomamos Coca-Cola, o es más compleja que eso la lucha contra el patrón consumista? Sin dudas es más compleja, y por tanto, más difícil que mantener una consigna. Esa cultura milenaria de la dialéctica del amo y del esclavo que constituye nuestras relaciones, esa cultura de la búsqueda del poder como fin en sí mismo, esa creencia ancestral en que hay "superiores" e "inferiores", eso da como resultado también una cultura del poder sobre la naturaleza. En el mundo de la industria moderna la naturaleza dejó de ser parte del cosmos del que somos parte para pasar a ser recurso explotable. El marxismo clásico no pudo ir más lejos de esa visión estrecha; por eso hoy la crítica del consumismo irracional es tan imprescindible como la lucha contra las injusticias. El planeta no es la "cantera a explotar", el "bosque a arrasar" sino parte de nuestra realidad compleja; si lo destruimos, nos destruimos a nosotros mismos. Si lo vemos sólo como lucro económico, ahí están los resultados con la catástrofe ecológica que ese modelo generó. Obviamente, si la consideramos con detenimiento, esa idea de progreso científico-técnico no parece tan "desarrollada". De ahí que pueda entenderse el pesimismo de Saramago.
Vemos, entonces, que la tarea transformadora de la revolución socialista es titánica. Lo es porque más difícil que cambiar el mapa político de un país –desplazar a una minoría de la casa de gobierno, armas en mano incluso–, muchísimo más difícil que eso –y nadie dijo que eso fuera fácil– es aún cambiar el sujeto humano. Pero ahí está el desafío. Educación, formación ideológica, autocrítica, revisión de la historia, discusiones, liberar la creatividad, la imaginación al poder… los pasos para lograr esa monumental empresa son muchos, diversos, variados. Hablamos de "hombre nuevo"; ideal genial, sin dudas. Mas ¿no se filtra allí ya desde el vamos un prejuicio machista? ¿No es de la mayor arrogancia machista identificar la especie en su conjunto con sólo su mitad? ¿Los seres humanos somos todos hombres?
Hoy, después de las primeras experiencias del pasado siglo y teniendo claro los límites de nuestra condición, probablemente estamos en mejores condiciones para avanzar por ese camino. Si hablamos de un nuevo socialismo del siglo XXI –que no desconoce las bases sentadas en el XIX ni las primeras experiencias del XX– es para superar viejos errores y llegar con éxito al XXII.
La ruta misma de la revolución socialista debe guiarse por lo que acertadamente proponía Gabriel García Márquez: luchar para "q ue ningún ser humano tenga derecho a mirar desde arriba a otro, a no ser que sea para ayudarlo a levantarse " .
Hasta que eso no sea realidad, debemos seguir luchando, porque si no, la revolución no habrá triunfado.
Fuente:Marcelo Colussi
Rebelión
Pero si efectivamente está en la esencia humana esta "dialéctica del amo y del esclavo", si eso es parte definitoria de nuestra condición, ¿para qué seguir luchando por un mundo de mayor equidad? El estudio de la historia o de cualquier interrelación nos confronta con que la lucha en torno al poder cuando se encuentran dos personas, o dos colectivos, surge con pasmosa facilidad. ¿Autoriza ello a ver en esa repetición una matriz de origen biológico? ¿Cómo poder afirmar que la violencia, el afán de poderío, la dominación sean de orden genético? Si una lectura darwinista de la historia humana pude llegar a esa conclusión –justificando, de ese modo, la existencia de "razas superiores" y una presunta selección natural de los "mejores"– una visión más amplia de nuestra condición debe apuntar a otra cosa. ¿O acaso podemos avalar un triunfo de "superiores" sobre "inferiores"?
Hasta ahora, al menos, más allá de la ilusión positivista de cierta tendencia tecnocrática que busca un sustrato bioquímico para explicar toda la complejidad de lo humano, no se ha podido aislar ninguna sustancia específica que dé cuenta de estos fenómenos. Puestos a interactuar niños pequeños de distintas etnias cuando recién están comenzando a hablar, cuando aún no tienen incorporada toda su carga cultural, ninguno discrimina a otro ni lo mira "desde arriba". Eso llegará luego: los adultos nos encargamos de transmitírselo. ¿Por qué resignarnos entonces ante una supuesta tendencia natural que nos compele a comernos unos a otros?
Anida ahí un error que, si no lo corregimos con fuerza, puede llevarnos a la entronización del individualismo –cosa que hace con absoluta naturalidad el capitalismo, premiando al "ganador", que no es otro que el más fuerte que se impone con brutalidad sobre los más débiles–, o puede llevarnos, por otro lado, a la resignación.
Decimos "el capitalismo", pero podríamos hacerlo extensivo a cualquier sociedad de clases. Desde que sabemos de la existencia de sociedades estratificadas donde unos mandan usufructuando el trabajo de otros, los cuales trabajan y obedecen (desde el inicio de las primeras sociedades agrarias sedentarias, para fijarlo de algún modo en el tiempo, aproximadamente unos 10.000 a 12.000 años atrás), desde ahí se viene repitiendo esta situación. Dialéctica del amo y del esclavo donde un grupo decide sobre la vida de otro con distintos grados de violencia, de crueldad, desde ser el dueño por entero de la vida de ese otro, hasta el pago de un salario supuestamente consensuado entre ambas partes por una cantidad de horas de trabajo. Esa historia no nos ofrece sino explotación de unos sobre otros, aprovechamiento, falta de solidaridad, violencia, crudeza. Matriz ésta que se reitera muy frecuentemente en todas las relaciones humanas: entre géneros, entre generaciones, entre distintas culturas. Y viendo con objetividad ya sea la historia o la dinámica interhumana en un corte puntual aquí y ahora, ello pareciera poder dejar extraer la conclusión que así es nuestra condición sin más. Si podemos hacer eso: torturar, engañar, matar, sin dudas que –más allá de una visión pesimista– eso se muestra como nuestro destino. De ahí a la conclusión que no tenemos remedio como especie, sólo un paso.
Y a ello podríamos agregar que los intentos de construir un nuevo sujeto en los balbuceantes socialismos del siglo XX no lograron superar con creces esos patrones de violencia. La codicia y la mezquindad siguieron todavía incorporadas a las características comunes de los ciudadanos, más allá de las buenas intenciones de transformación. ¿Hay que resignarse entonces? ¿No es posible el cambio? ¿Habrá que contentarse que lo máximo a lo que podemos aspirar es a un crecimiento enorme de la productividad y a una más equitativa repartición de la riqueza que generemos, resignándonos a que siempre habrá uno "más listo" que manejará a los "más tontos"? ¿No hay alternativa? ¿Es cierto que "no nos merecemos mucho respeto como especie" entonces? ¿No es posible la equidad total, la horizontalidad? ¿Habrá siempre quien, en nombre de lo que sea, "mire desde arriba" a otro?
Por esa vía, el punto máximo de desarrollo aspirable sería la socialdemocracia. Sin dudas que los pocos países con políticas socialdemócratas viven bien, con abundancia y equidad. Ahí están unas cuantas sociedades del norte de Europa dando el ejemplo: ordenadas, felices, racionales. Pero la estructura del mundo no permite que todos seamos Suecia, o Noruega o Canadá. Además, la bonanza de las socialdemocracias presupone un Tercer Mundo históricamente explotado. ¿Podría algún país africano o centroamericano repetir el modelo socialdemócrata nórdico en las condiciones actuales? ¿Cómo? Las deudas externas que religiosamente deben pagar esas sociedades empobrecidas van a parar también a las socialdemocracias. Así es fácil gozar la vida…y tener equidad. Pero si hablamos de "otro mundo posible", hablamos de igualdad para todos, absolutamente para todos y todas en total paridad. Es decir: hablamos de una verdadera democratización e igualación de los poderes, para todos, no sólo para los blancos.
Cuando nos referimos al sujeto humano tenemos como referente esto que las distintas sociedades clasistas basadas en la diferenciación entre poderosos y oprimidos han venido dando como resultado hasta ahora. Nos es relativamente más fácil entender la lógica de una sociedad antigua –la egipcia, los fenicios, los mayas– porque nos resulta familiar poder imaginar qué sentiría un amo o un esclavo (aunque la reflexión la hagamos ahora y no seamos, en sentido estricto, ni faraones ni esclavos. Sin embargo, intuimos de qué se trata la relación). Pero nos resulta incomprensible, o al menos mucho más lejana de nuestros códigos, una sociedad del neolítico, o alguna de los pequeños grupos que aún hoy existen sobreviviendo como en ese entonces –los indígenas amazónicos, o los habitantes originarios de Australia–. ¿Cómo entender desde nuestra cosmovisión una sociedad de puros iguales, homogénea, horizontal? Nuestra matriz, hoy día, es forzosamente esa visión de jerarquías, patriarcal, vertical. De ahí que nos suene extraño aún –y por tanto cueste tanto– establecer relaciones de total horizontalidad, de absoluta paridad. Aunque en las experiencias socialistas intentemos llamar a los dirigentes con el apelativo de "camarada", en la realidad cotidiana el "camarada ministro" o el "camarada alcalde" sigue aún gozando de privilegios que los "camaradas comunes" no tienen. ¿Significa eso que nunca cambiará esa dinámica?
Seguramente no podemos esperarnos un paraíso de la sociedad humana. No somos ángeles. Pero podemos hacer algo para que no sea un infierno. Y hoy, más allá de una porción minúscula que vive en la opulencia manejando la vida de las grandes masas, y fuera de un no más del 15 % de la población mundial que puede ser considerada clase media, con acceso a aceptables cuotas de confort y seguridad, para la más amplia mayoría de la Humanidad la vida es un infierno. El socialismo, si bien tuvo un inicio en el siglo XX que debe ser criticado por autoritario y vertical (en alguna medida, también un infierno), sigue siendo aún una fuente de esperanza. Del capitalismo nada se puede esperar.
Pero la duda –por decirlo de alguna manera, o el temor, o preocupación– se plantea cuando intentamos revisar los supuestos que ha venido desarrollando el socialismo. Si consideramos el proceder de muchos de los cuadros revolucionarios, o incluso la conducta de los ciudadanos, los camaradas de a pie, dentro de las experiencias socialistas, se abren interrogantes: ¿se podrá prescindir de esta cultura del "mirar desde arriba" a otro? A veces sucede esta horizontalidad, este espíritu de solidaridad y de desprendimiento, pero en muchísimos casos, más allá de la declaración de principios y del uso de consignas que sitúan en el "club" de la izquierda, se siguen manteniendo privilegios irritantes, actitudes despóticas, el convencimiento que hay algunos con derecho a "mirar desde arriba" a otros.
¿Por qué los camaradas médicos cubanos cuando están fuera de la isla "arrasan" con las mercaderías que no se consiguen en su país? ¿Son menos "revolucionarios" por eso? Seguramente no, pero todas estas actitudes nos indican que quizá el meollo mismo de lo humano es muy difícil de transformar: si somos herederos de la cultura que nos constituye en lo más hondo de nuestro ser –machistas, patriarcales, verticalistas, competitivos, belicistas, y en estos últimos años, capitalismo mediante, impúdicamente consumistas– todo eso no se va a terminar por decreto. La cuestión, en todo caso, es: ¿cambiará? ¿Qué hay que hacer para que cambie? ¿Cómo desarmar la cultura del poder que nos constituye?
Hoy día podemos hablar de los seres humanos criados en este modelo histórico, dado que sólo hemos conocido estos patrones. Por eso la dificultad que apuntábamos para entender otros modelos sociales "primitivos", sin clases sociales, la pura horda original. Las sociedades clasistas quedamos irremediablemente lejos de esa experiencia, y los modelos progresistas que hemos inventado todavía tienen muy cerca la matriz del "triunfador", del éxito individual sobre y contra el bien común. Si no, no sería tan fácil que muchas cooperativas terminen siendo pequeñas empresas lucrativas privadas olvidándose de la filosofía que las impulsa. O no hubiera sido tan fácil la restauración de la cultura capitalista en Rusia, o en China, donde hoy se premia como el gran logro la picardía para hacer fortuna no importa a qué precio olvidando principios levantados hace apenas unos años. Invocar un llamado al amor para construir el socialismo, la nueva sociedad y el nuevo sujeto, queda corto. Sabemos que el amor es básicamente narcisista y no nos sobra; más bien nos sale con cuentagotas. Es difícil, cuando no imposible, amar incondicionalmente al prójimo. Pero no se trata de amarlo sino de respetarlo. Esa es la clave que puede cambiar la actitud. Nadie está obligado a amar a nadie por decreto; pero la sociedad sí obliga a respetarnos. Si logramos establecer una comunidad donde todos verdaderamente nos sentimos pares, iguales, aunque no nos "amemos", sí podremos convivir con mayores cuotas de solidaridad social. Aunque no somos ángeles, ¿quién dijo que estamos obligados por naturaleza a explotar al otro? Si nos preparamos para esa cultura de la más absoluta igualdad, ¿por qué no podríamos superar la dudosa noción del amor incondicional para forjar una cultura del respeto? Porque en nombre del amor se pueden cometer las peores atrocidades, no olvidarlo. Ahí están todas las guerras religiosas, por ejemplo, las más despiadadas y crueles de la historia para demostrarlo. O la Santa Inquisición …por amor.
Ningún sustrato bioquímico podrá explicarnos por qué ese afán de poderío. Es nuestra matriz social, cultural, psicológica, la que nos hace así. De lo que se trata, entonces, es de construir otra matriz que dé como resultado otro tipo de sujeto. Aunque, claro está, esa construcción no podrá ser nunca una imposición por vía de decreto. Hay que forjarla. Y ese es el reto que tiene el socialismo.
En Rusia, siete décadas después de la revolución bolchevique, hay gente que sigue buscando el retorno del zarismo y pensando en la gran patria de los rusos blancos. ¿Pasó en vano la revolución? Y en Cuba una enorme cantidad de población profesa con devoción la santería. ¿Puede decirse que fracasó la revolución? En Venezuela, con un proceso de transformación socialista en marcha, por cierto muy reciente aún, siguen siendo un símbolo nacional las Miss Universo y las mujeres con pecho siliconado, y muchísima población –incluidos funcionarios de gobierno– continúan adorando los más rancios valores capitalistas, desviviéndose por el vehículo lujoso con un chofer que les abra la puerta y cambiando divisas en el mercado paralelo. ¿No está funcionando la Revolución Bolivariana entonces? Todo esto no nos habla de un fracaso de los ideales socialistas. Nos habla, en todo caso, del peso fenomenal de la historia, de las tradiciones, de la cultura. Como brillantemente lo expresó Einstein: "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio".
El desafío es cambiar esa historia. Eso es la revolución. Si nos tomamos en serio lo de las utopías, pues de eso se trata entonces: no sólo transformar las relaciones políticas, cambiar las reglas de juego de las relaciones sociales; no sólo repartir con equidad el producto del trabajo humano. Se trata, junto a todo ello, y quizá más que ello, de transformar la historia misma, las matrices que nos determinan como sujeto.
Es ahí donde entra a jugar un papel clave el tema de la autocrítica de nuestra humana condición. ¿Estamos acaso, tal como lo pretendería el darwinismo social, condenados a una lucha a muerte los unos contra los otros? ¿O nuestra "naturaleza" va de la mano de las condiciones culturales? ¿Por qué cuesta tanto superar los vericuetos del poder? Nuestra condición finita y deficiente nos lleva a acercarnos al ámbito del ejercicio del poder como alternativa para superar esa pequeñez originaria. ¿Puede superarse la idea del poder como sinónimo de beneficio propio a base del sacrificio de otro? ¿Es cierto que el que manda, manda; y si se equivoca… vuelve a mandar? ¿Qué habrá que hacer para superar todo esto?
El trabajo es arduo, enorme. Es transformar toda una cultura que lleva hoy un peso ancestral en sus espaldas con una importancia definitoria, y que con las nuevas tecnologías que generó el capitalismo (léase: guerra psicológico-mediática, guerra de cuarta generación, como la llamaron los estrategas militares estadounidenses) se impuso por todo el globo, y en muchos casos, haciéndose atractiva. Si no, los camaradas cubanos no arrasarían las tiendas buscando esos productos "seductores" toda vez que tienen oportunidad al salir de la isla. Lo cual nos lleva a un tema no menos trascendente.
La cultura del consumo a que dio lugar el capitalismo mercantil es insostenible –se produce no sólo para satisfacer necesidades sino, ante todo, para vender, para obtener lucro económico–. En función de ese modelo de desarrollo el planeta se está empezando a poner en serio riesgo. La progresiva falta de agua dulce, la degradación de los suelos, los químicos tóxicos que inundan el globo terráqueo, la desertificación, el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono que ha aumentado por 13 la incidencia del cáncer de piel en estos últimos años, el efecto invernadero negativo, el derretimiento del permagel son todas consecuencias de un modelo depredador que no tiene sustentabilidad en el tiempo. ¿Cuánto más podrá resistirse esta devastación de los recursos naturales? Las sociedades agrarias "primitivas", o inclusive las tribus del neolítico que aún se mantienen, son mucho más racionales en su equilibrio con el medio ambiente que el modelo industrialista consumidor de recursos no renovables. Si buscamos un nuevo mundo, una nueva ética, nuevos y superadores valores, la cultura del consumo debe ser abordada con tanta fuerza revolucionaria como las injusticias sociales. Pero ahí está el problema justamente: tanto ha calado esta cosmovisión del consumo hedonista que se hace muy difícil atacarlo, desarmarlo. Y el "hombre nuevo" todavía no pudo sacudirse esa carga cultural. ¿Podremos construir una cultura alternativa al consumo industrial fabuloso sin volver a las cavernas, aprovechando el confort que brindan las nuevas tecnologías traídas por la industria capitalista y la moderna ciencia occidental?
Se abre allí otro desafío, por cierto. ¿Somos más revolucionarios porque no tomamos Coca-Cola, o es más compleja que eso la lucha contra el patrón consumista? Sin dudas es más compleja, y por tanto, más difícil que mantener una consigna. Esa cultura milenaria de la dialéctica del amo y del esclavo que constituye nuestras relaciones, esa cultura de la búsqueda del poder como fin en sí mismo, esa creencia ancestral en que hay "superiores" e "inferiores", eso da como resultado también una cultura del poder sobre la naturaleza. En el mundo de la industria moderna la naturaleza dejó de ser parte del cosmos del que somos parte para pasar a ser recurso explotable. El marxismo clásico no pudo ir más lejos de esa visión estrecha; por eso hoy la crítica del consumismo irracional es tan imprescindible como la lucha contra las injusticias. El planeta no es la "cantera a explotar", el "bosque a arrasar" sino parte de nuestra realidad compleja; si lo destruimos, nos destruimos a nosotros mismos. Si lo vemos sólo como lucro económico, ahí están los resultados con la catástrofe ecológica que ese modelo generó. Obviamente, si la consideramos con detenimiento, esa idea de progreso científico-técnico no parece tan "desarrollada". De ahí que pueda entenderse el pesimismo de Saramago.
Vemos, entonces, que la tarea transformadora de la revolución socialista es titánica. Lo es porque más difícil que cambiar el mapa político de un país –desplazar a una minoría de la casa de gobierno, armas en mano incluso–, muchísimo más difícil que eso –y nadie dijo que eso fuera fácil– es aún cambiar el sujeto humano. Pero ahí está el desafío. Educación, formación ideológica, autocrítica, revisión de la historia, discusiones, liberar la creatividad, la imaginación al poder… los pasos para lograr esa monumental empresa son muchos, diversos, variados. Hablamos de "hombre nuevo"; ideal genial, sin dudas. Mas ¿no se filtra allí ya desde el vamos un prejuicio machista? ¿No es de la mayor arrogancia machista identificar la especie en su conjunto con sólo su mitad? ¿Los seres humanos somos todos hombres?
Hoy, después de las primeras experiencias del pasado siglo y teniendo claro los límites de nuestra condición, probablemente estamos en mejores condiciones para avanzar por ese camino. Si hablamos de un nuevo socialismo del siglo XXI –que no desconoce las bases sentadas en el XIX ni las primeras experiencias del XX– es para superar viejos errores y llegar con éxito al XXII.
La ruta misma de la revolución socialista debe guiarse por lo que acertadamente proponía Gabriel García Márquez: luchar para "q ue ningún ser humano tenga derecho a mirar desde arriba a otro, a no ser que sea para ayudarlo a levantarse " .
Hasta que eso no sea realidad, debemos seguir luchando, porque si no, la revolución no habrá triunfado.
Fuente:Marcelo Colussi
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